UN ZAPATERO DE ARMAS TOMAR
Mario Lamo Jiménez
Un zapatero de La Candelaria narra desde su singular perspectiva lo que es la violencia en Colombia...
Pues yo aprendí la zapatería aquí en el barrio La Candelaria, no más recién llegado, eso fue el año pasado. Como será que estaba trabajando hasta regalado. Colgué mi letrero en la puerta, "Zapatería la Nueba Estrella", y me senté a esperar a ver quién caía.
Los primeros zapatos que me llegaron fue precisito el primer día que me lanzaba a la zapatería, eran de la mona que vive allí a la vuelta. Yo le dije, mi señora, yo hasta ahora voy a comenzar a hacer zapatos, no le voy a cobrar nada casi, ahí lo que me quiera dar. Me dio 40 pesos. Cuando llegó, tenía los tacones al revés. Me pegó una vaciada de dame a tomar la vieja, claro, como yo veía gente por la carrera décima y les preguntaba que qué tal era el negocio y me decían que eso se hacían 800, 900 o mil pesos diarios, pues yo me metí también.
Pero yo no hago eso, no sé hace nada con eso de ser zapatero. Para el profesional sí hace plata, pero así para remendón... no puedo hacer un par de zapatos. ¿Se acuerdan cuando vino Edmundo? El tonto ese que vivía en Mayami, que era de por aquí pero los gringos le habían pegado el acento... a él le tomé medidas para hacerle unas botas, fui, las compré hechas y cuando se las di le dije: “más precisas no le quedan ni mandadas a hacer”. La otra cuestión es que puedo hacer bueno en un día, pero lo que hago hoy me lo pagan dentro de 8 días. A veces cuando yo salgo, la Yolanda se queda sola haciéndole a la zapatería, se queda digamos sin cinco centavos y cuando llegamos nos tiene plata y comida, eso si es gracia.
Como usted ve, me ayudan Daniel, Carmen, Marta y el suscrito cuando no está borracho. La Carmencita me ayuda también. A ella le da mucha pena, si usted la viera, ella pone el zapatico, lo cuadra y coge una puntilla y tan, tan y es que puede la porquería, sino que a ella le da pena. Imagínese que para aprender a arreglar radios fue lo mismo... tirándome uno.
Además trabajo de celador en el ministerio y antes fui chofer. Dure 14 años manejando, hermano, yo manejé un bus, fui montallantas, fui mecánico, electricista, sé hacer instalaciones de alta y baja, usted no crea que es que soy... por eso es que yo me río de mucha gente carajo.
Pensar que yo empecé cargando bultos desde pequeño en la Plaza España. Pero yo soy boyacense, de Socotá, nací el 24 de julio de 1929. Estando pequeño, mi papá mató por allá a 5 verracos en una pelea. Eso fue como en 1941. En ese entonces era la violencia política. Mi papá era liberal, Socotá era liberal. A él le pegaron un tiro con un gras y así no más lo trajeron detenido y mató a un guardián en la propia cárcel, él sí era un atrevido.
Lo mandaron aquí para la Picota y en ese momento llegó el 9 de abril, entonces dieron libertad para todos los presos, después de eso él se volvió a presentar, entonces por haberse entregado de nuevo, llegaron y lo sacaron al otro día. Había estado preso 8 años.
A mi mamá le tocó trabajar de sirvienta, ella le tocó meterse al hotel… Hotel Nápoles, que quedaba en la carrera once con calle décima. Abrieron las cárceles pero yo seguí interno en el colegio de los padres Capuchinos. Mientras tanto la gente se levantó por todas partes. Estaban verracos porque les habían matado a Gaitán. Los oligarcas se rascaban la panza de contentos y dizque don Ospina estaba en una exposición de ovejas el día del asesinato.
Mi papá me contaba de un verraco con una tronera en un brazo gritando que la herida era bendita porque se la había hecho un cura. Y yo con los capuchinos que me tenían preso desde pequeñito, allá en la trece con trece, perdiéndomelo todo sin poder ver nada.
Bueno, mi papá llegó ese día de la cárcel, bueno, vámonos y cogimos para el páramo de Sumapaz. De Cabrera a allá a donde nos fuimos son doce horas a pata, hermano, doce horas a pata, a pezuña, caminando como un verraco. Llegamos doce horas caminando a Concepción, Sumapaz, llegamos y estaba nada más ni nada menos que un comando guerrillero allá que era de Juan de la Cruz Valera, estaba comandado.
Eso era en el año 51 y allí permanecimos tres años. En esos tres años aprendimos las artes marciales, o sea la guerrilla urbana y toda la cosa. Después nos vinimos cuando se puso bravo, bravo eso que llegó el ejército y la policía, nos trasladamos y nos vinimos por el lado de Planadas a salir a Usme, ¿no? y llegamos aquí a Bogotá.
Una noche nos tocó dormir en el cementerio, en las bóvedas del cementerio ahí en Sumapaz, la noche que quemaron el pueblo allá. El ejército lo quemó porque había mucho guerrillero allá, en ese pueblo del putas. Llegaron esa noche en helicópteros y quemaron todo el pueblo, entonces los que logramos meternos nos metimos entre las bóvedas del cementerio y ahí no paso nada. Ya al otro día cuando vimos, encontramos que se había quemado el caserío, el pueblo, entonces nos vinimos por este lado, no por Cabrera, sino por aquí por el lado de Planadas para salir a Usme, ya llegamos a Bogotá y seguimos para Yacopí. Otra región peor en la que habíamos estado.
Trabajamos en la agricultura, cuidábamos ganado, nos la pasábamos tomando cerveza, molestando al ejército, haciéndole pruebas, quemándoles los casinos de ellos, poniéndoles bombas. Nosotros nos conocíamos la region, el páramo, y el ejército tenía que llevar su guía y nosotros ya nos conocíamos todo, además siempre había neblina, neblina.
Nosotros les ganábamos, pero en el 52 y el 53 llegó el ejército y metió aviones. Para comunicarnos entre nosotros mismos teníamos cuerdas con dos cachos, como de aquí a la plaza de Bolívar, cuando era necesario, tirábamos de las cuerdas con los cachos y por ahí hablábamos y así había más de 50 o 60 cachos.
Habían unos cinco gamonales que eran los dueños de todo el páramo. Mi papá como en el 52 mató un gamonal y nos tocó venirnos también. Le pegó un tiro. La gente veía mal a los gamonales. Después nos vinimos acá a Bogotá, después nos fuimos a Yacopí, allá fue donde mataron a mi taita.
Me acuerdo de la señora de Jorge López, la señora era una señora ciega y ella era la que mandaba, ella contaba la plata y la veía, pero era ciega, su esposo era creo, el más dueño del páramo. Al hombre lo mataron. Ese fue el hombre que mató a mi papá. Él mando a matar a mi papá porque mi papá no le hacía caso. A las dos de la tarde hubo el encuentro en toda la mitad de la plaza, mi taita le pegó el tiro, se lo pegó en todo el corazón... en Yacopí ya mataron a mi taita por política, lo mataron por la espalda. Allá compramos una finquita, no llevábamos un mes de haber comprado la finquita cuando le dieron 70 machetazos.
Eso era la violencia. Era coger una señora, quitarle la planta de los pies con una cuchilla, hermano, ponerla a caminar, quitarle los senos y darle juete como un verraco, usted ve a confesar dónde esta fulano, sutano o perencejo. Pura tortura. Eso llegaban y había una niña, una sardina y la violaban delante del que fuera los del ejército, llegaban y cogían un guerrillero y le ponían una oruga de esas de tractor y tenía que darle vuelta a todo el pueblo, si se cansaba le daban juete como un verraco.
Allá llegué yo como maestro de escuela, en esa época era la policía departamental, yo había hecho un curso en el 57. Un curso en que aprendí las mañas de la policía, ser mierda como un hijueputa, a ser corrompido. Estuve en Pacho, Zipaquirá, Chocontá. Aprendí mañas, a ser corrompido, ser un verraco de allá, por eso fue que me salí, los policías de esa actualidad eran los que se llamaban los chulavitas, cogían un campesino y le preguntaban usted es liberal o conservador, si era liberal...
A mi me mandaron para una vereda, La Laguna, como profesor. Enseñaba mierda como enseñan ahora. Compramos cuarenta fanegadas por 1260 pesos. Hicimos un bazar para recolectar fondos para la escuela, invité al cura. El cura era de la compañía de Jesús, español. Ahí está todo el pueblo que puede decir que no es pajarilla.
El padre Reinaldo, conservador como un hijueputa, llegamos y le dieron una mano de juete a ese cura. Fue a darles un sermón a la gente, que los comunistas, que no sé qué y había llevado cipote estatua de esas de la virgen de Fátima y una del Sagrado Corazón y allá llegaron y les abrieron un hueco y dele guarapo a esas estatuas a ver que jartaran y como no se emborrachaban le dieron una mano a ese cura, lo amarraron y lo trajeron a mero juete desde la laguna hasta el pueblo. De ahí lo trasladaron para la Peña, y la Peña sí le gustó porque era pura goda como un verraco.
A los 20 días fue que mataron al taita mío, le pegaron 70 machetazos, había más de 200 personas, hermano, de las 200 personas, ¿sabe cuantas vieron? No vio ninguna. La única persona que vio quién mató a mi papa fue la profesora de escuela de esa vereda. A ella lo tocó perderse de esa vereda y renunciar a ser profesora porque le dijeron donde la encontremos la matamos.
Me dijeron, su papá lo acabaron de matar, me vine yo con mi compadre Benjamín y otros trabajadores de nosotros, cuando llegamos ya se lo estaban comiendo los perros. Yo me tocó alzar un pedazo de cabeza, echar el pelo aquí entre un bolsillo. Ninguno lo quiso recoger. Llegamos a la Palma, puse la denuncia y en lugar de detener a los asesinos, nos detuvieron fue a nosotros, hermano y nos trajeron aquí a Bogotá, nos indagaron, nos tuvieron 8 días, cuando se dieron cuenta que éramos los hijos del viejo, nos soltaron.
Llegamos a la Palma otra vez de nuevo, nos armamos, cogimos los asesinos de mi taita y los entregamos. Pero nos detuvieron otra vez. Y nos sacan por los periódicos, fulano de tal, sutano de tal, perencejo, formando guerrillas en la Palma, Cundinamarca, los señores tal y tal formaron una guerrilla, se les encontraron 4 carabinas, dos grases, un poco de dinamita y un poco de botellas. Pa’la Modelo hijueputas, bueno descubrieron que era pajarilla esa vaina. Nos tuvieron dos meses y los hijueputas sueltos, los asesinos de mi taita.
Ya cuando fuimos a la Palma, ya no estaban los asesinos, se habían ido para Guayabal de Síquima. Me fui con otro hermano y me dije, como va a ser justo que estos hijueputas se vayan a quedar así, entonces nos fuimos para Guayabal.
Allá estaban en una borrachera la verraca, entonces claro, de piedro yo dije, esta vez no se me escapan y listos. Había llevado yo una carabina gras 24, una 24 con proveedor y todo, eso les apunté a la cabeza y ahora sí hijueputa nos vamos a matar, entonces en lugar de agarrarse con nosotros, se agarraron fue entre ellos mismos, los hijuemadres se mataron ellos mismos, entre la misma borrachera y ahí en la Palma está uno, se llama Toribio García, le pegaron más de 80 machetazos y no se ha muerto el hijueputa, quedó ciego, quedó con las manos así, parece un mapa, nosotros no hicimos más. Entonces la muerte de mi papá ya estaba saldada.
Nos vinimos para Bogotá en el año de 1975. La muerte de mi taita fue en el 61. Del 61 al 75 empecé a dar vueltas, caminando como pavo errante. Le jalamos al atraco, al robo, al asalto a mano armada. Cuando veíamos que venía uno de los que era de allá de la vereda lo parábamos en un punto que se llamaba Puente de Oro, eso no podía pasar nadie más, mi hermano, mi compadre y yo ahí. ¿Qué llevan?, que llevamos esto. Déjenlo y hasta luego, váyanse. Y así trabajamos casi 5 años.
Después de un tiempo dije, vámonos para Bogotá y ahí fue cuando yo me metí de conductor. Conducía flota Magdalena, Bolivariano, Río Blanco, Auto Fusa, Expreso Trejos, Expreso Arauca. Eso era de Dorada, Manizales, Medellín. La vida era buena. En la flota Magdalena no hubo conductor que pudiera conmigo. Tenía yo un forcito 51, pero lo tenía adoptado yo al estilo. Motor de persecución, le tenía carburador de 4 dentres, le tenía bomba, le tenia caja grande, le tenía trasmisión pequeña, le tenía banda de 7 pulgadas la de atrás y le tenía banda de 4 pulgadas adelante y me dejaba escurrir yo desde el Alto de San Miguel, aquí del Alto del Trigo de para abajo eso era el que pudiera conmigo. Quinta sencilla y si podía más, neutro. El que pueda bajar en neutro con un carro tiene que tener mucho de esto... porque ahí va loca la caja, eso si el que pueda subir en neutro ese si es un hijueputa.
¿Sabe cómo subía yo con ese bus? Subía quinta sencilla hermano. Quinta sencilla, quinta sencilla, no quinta sencilla sino quinta doble, sin bajo, cuarta sencilla ya cuando llegaba a coronar el alto. Cuando llegaba el bus con el que íbamos compitiendo, lo dejaba que pasara hasta la mitad, por ahí hasta la mitad lo dejaba pasar, volvía y le aceleraba.
En Calarcá me pegue una estrellada, se me totió un terminal de la dirección. A mí no me pasó nada, una varilla que se me enterró en esta parte. Hubieron 24 muertos. Inmediatamente detenido en Armenia y me trasladaron aquí a Bogotá y a los 8 días salí. Duré en total 15 días detenido, entonces fue cuando me dije, no vuelvo a manejar más. Imagínese que me tocaba hasta 19 horas de carretera, eso era Cali-Bogotá. Ya sé me olvidaron los nombres de todos esos pueblos, Bugalagrande, Buga, Sevilla, toda esa cosa.
En una manifestación de Yacopí a Bogotá, una vez llegaron del MRL y me tocó con 30 berriondos mechudos. Apenas salimos, a la cuadra se principiaron a vomitar estos desgraciados. Cuando llegamos a Bogotá, los 30 se habían vomitado. Qué desgraciados, usted sabe que esa era gente del campo y el vómito cómo es de verraco para la pintura de los carros, donde cae el vómito la pintura la deja manchada. En Bogotá me tocó llegar a hacer lo mismo que esos verracos, a gritar en la Plaza de Bolívar. Que viva no se qué, que viva no se cuándo y yo “que viva”. En esa época “que viva don López Michelsen”, porque eran los del MRL. Yo no voté por ese hijueputa gracias a Dios.
La única vez que yo voté fue cuando Jaramillo Giraldo y no me ha adolecido el voto por ese tipo. Después Rojas ganó las elecciones sino que se las dejó robar. Bueno, está bueno echar tanto verbo pero hoy no le voy a contar más. Salvo el resto para otro día. Ahora me voy a echar unas polas antes de que nos metamos a hablar de la política porque entonces no queda cabeza que no tengamos que cortar.
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