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  INICIO   domingo, abril 6 - 2025

                           RELATO

         

                         LA ÚLTIMA CALADA

         

Luis Germinal Muñoz Salvador

Antony era un adicto a la nicotina. No dejaba pasar la más minima oportunidad de fumar. Nunca se quedaba sin tabaco. Era obeso y tenía tres infartos. Desde entonces fumaba aún más.

“Deja de fumar. Te va a matar”, le decía el médico.
“Doctor, me moriré con uno en la boca”, contestaba siempre mientras buscaba su encendedor.

Antony era contador. Un miércoles trabajaba como le era habitual. Era un día muy malo en la oficina. Había sentido las molestias en el pecho durante todo el día. Tomó sus píldoras de nitroglicerina, pero lo que en realidad necesitaba era una buena calada para calmar los nervios.

Estaba prohibido fumar en la oficina. Salio a la escalera de emergencia del edificio. Sacó un cigarrillo y cuando estaba a punto de llevárselo a la boca el dolor se hizo muy intenso. Cayó al suelo. El cigarrillo escapó de sus dedos. Antony sufrió un infarto masivo. El personal de la oficina lo encontró horas después.

Dorian era un ayudante del forense en la morgue. Debía preparar el cadáver de Antony. No por ninguna razón legal simplemente porque Antony era donante para la universidad. Dorian fumaba mucho. No se podía fumar en la morgue. Pero Dorian no era muy bueno siguiendo el reglamento. De modo que sacó la cajetilla y encendió un Malboro allí mismo. Al darse vuelta se quedo en shock, pálido y con la boca abierta. El cadáver de Antony estaba de pie frente a él.

Mientras Dorian seguía congelado, el cadáver de Antony tomó el cigarrillo de sus manos y le dio una profunda calada.

“No me mires así. He pasado un infierno para conseguir esto”, dijo Antony dando otra calada.

Dorian se desmayó. El forense lo encontró en el suelo con un cigarrillo encendido a un metro de él. El cadáver se encontraba sobre la mesa de autopsias con una sonrisa en el rostro.